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Artículos · 12 de octubre de 2026 · 5 min de lectura

Juegos de memoria en la infancia: para qué sirven y cómo sacarles partido

El clásico juego de parejas es mucho más que un pasatiempo. Detrás hay una de las habilidades que más influyen en el aprendizaje escolar.

La memoria de trabajo

Cuando hablamos de memoria en niños pequeños solemos pensar en recordar cosas a largo plazo: una canción, el nombre de un amigo o lo que pasó en el cumpleaños. Pero hay otro tipo de memoria muy importante para el aprendizaje: la memoria de trabajo, la capacidad de mantener información en la mente durante unos segundos mientras la usamos.

Seguir una instrucción de dos pasos («coge el abrigo y ponte los zapatos»), recordar dónde estaba la carta del perro o repetir una secuencia de colores son ejemplos de memoria de trabajo. Forma parte de las llamadas funciones ejecutivas, junto con el control de impulsos y la flexibilidad mental, y se desarrolla de forma notable en la etapa infantil.

Qué aportan los juegos de memoria

Cómo adaptarlos a cada edad

A los 3 años, empezad con muy pocas parejas, tres o cuatro, y con imágenes muy distintas entre sí. Celebrad cada pareja encontrada aunque sea por casualidad.

A los 4 años, aumentad poco a poco el número de cartas y verbalizad vuestras estrategias en voz alta: «Me acuerdo de que el león estaba aquí».

A los 5 años, podéis introducir imágenes más parecidas entre sí o juegos de secuencias más largas, y proponer retos como superar su propio número de intentos.

Más allá de las cartas

Cómo fabricar un juego de parejas casero

No hace falta comprar un juego de memoria. Se puede fabricar en casa con cartulina y algunas imágenes, y el proceso de hacerlo ya es una actividad valiosa:

  1. Recortar cuadrados iguales de cartulina gruesa, por ejemplo de 7 por 7 centímetros.
  2. Elegir el tema con el niño: animales, frutas, miembros de la familia o personajes de su cuento favorito.
  3. Pegar o dibujar la misma imagen en dos tarjetas distintas.
  4. Decorar el reverso de todas las tarjetas igual, para que no se distingan.

Un juego hecho con fotos de la familia o de sus juguetes suele tener un éxito especial. También se puede hacer una versión con texturas, pegando trozos de tela, lija o algodón, para encontrar las parejas con los ojos cerrados.

Memoria y sueño

El sueño juega un papel importante en la consolidación de lo aprendido. Durante la noche, el cerebro organiza y refuerza la información del día. Un niño que duerme bien está en mejores condiciones de prestar atención y recordar. Por eso, más que multiplicar los ejercicios de memoria, conviene cuidar las rutinas de descanso.

Memoria y emociones

Recordamos mejor lo que nos emociona. Las experiencias vividas con alegría, sorpresa o curiosidad se quedan grabadas con más fuerza. Para los niños pequeños, esto significa que aprender jugando no es solo más agradable: también es más eficaz.

Juegos de memoria en movimiento

Un apunte importante

No hace falta entrenar la memoria como si fuera un músculo en el gimnasio. Lo que realmente favorece su desarrollo es un entorno rico en juego, conversación, sueño suficiente y actividad física. Los juegos de memoria son una forma divertida de practicar dentro de ese contexto, no un sustituto.

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Este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye la opinión de un pediatra, logopeda u otro profesional. Si algo del desarrollo de tu hijo te preocupa, consúltalo con su pediatra.

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