Música y ritmo en la primera infancia: canciones, instrumentos y juegos para casa
No hace falta saber música ni cantar bien para disfrutar de la música con un niño pequeño. Cantar, bailar y hacer ruido con cucharas son actividades que los niños de 3 a 5 años adoran, y que además aportan mucho a su desarrollo.
Qué aporta la música
Lenguaje
Las canciones están llenas de rimas, repeticiones y palabras nuevas. Al cantarlas, los niños practican la pronunciación, amplían su vocabulario y aprenden a separar las palabras en sílabas, porque cada sílaba suele coincidir con una nota. Es una preparación excelente para la lectura.
Memoria
La melodía y el ritmo ayudan a recordar. Por eso un niño puede saberse de memoria una canción larga mucho antes de poder repetir el mismo texto hablado. Muchas canciones infantiles tradicionales sirven precisamente para aprender los días de la semana, los números o las partes del cuerpo.
Matemáticas
El ritmo es, en el fondo, contar y repetir patrones. Dar palmadas siguiendo un pulso, repetir secuencias de golpes o contar los tiempos de una canción entrena habilidades que luego se usan en matemáticas.
Movimiento y coordinación
Bailar, marchar al compás o tocar un tambor coordinando las dos manos son ejercicios completos de motricidad gruesa y fina.
Emociones y vínculo
Cantar juntos crea un momento compartido muy especial. La música también ayuda a calmarse (las nanas existen por algo) o a liberar energía cuando hace falta.
Música en el día a día
La forma más sencilla de introducir la música es integrarla en las rutinas:
- Canciones para las transiciones: una canción para recoger los juguetes, otra para lavarse los dientes, otra para salir de casa. Ayudan a que estos momentos sean más fluidos.
- Inventar letras: cambiar la letra de una melodía conocida para narrar lo que se está haciendo («así me pongo los zapatos, los zapatos, los zapatos…»).
- Nanas por la noche: una canción suave y siempre igual forma parte de muchas rutinas de sueño.
- Música de fondo variada: poner de vez en cuando música de distintos estilos y culturas (clásica, flamenco, jazz, música africana o latinoamericana) amplía su mundo sonoro.
Instrumentos caseros
No hace falta comprar instrumentos. Con objetos de casa se pueden fabricar muchos, y construirlos ya es una actividad en sí misma:
- Maracas: botellas pequeñas o recipientes con arroz, lentejas o garbanzos. Cada relleno suena distinto.
- Tambores: cacerolas boca abajo, cajas de cartón o un cubo con cucharas de madera como baquetas.
- Guitarra de gomas: gomas elásticas de distinto grosor alrededor de una caja de zapatos.
- Xilófono de agua: vasos de cristal con distintas cantidades de agua, golpeados suavemente con una cuchara (siempre con supervisión).
- Palos de lluvia: un tubo de cartón largo con arroz dentro y los extremos tapados.
Juegos de ritmo y escucha
- El eco: el adulto da una secuencia de palmadas y el niño la repite. Se empieza con dos o tres golpes y se va complicando.
- Estatuas musicales: bailar mientras suena la música y quedarse quietos cuando se para. Entrena la escucha y el autocontrol.
- Rápido y lento: caminar o tocar el tambor siguiendo el tempo de la música, que va cambiando.
- Fuerte y flojo: tocar muy fuerte o muy suave según la señal del adulto.
- ¿Qué suena?: con los ojos cerrados, adivinar qué objeto está sonando: llaves, papel arrugado, una cuchara contra un vaso.
- Palmadas silábicas: decir el nombre de cada miembro de la familia dando una palmada por sílaba. «Ma-ri-na» tiene tres palmadas; «Luis», una.
- Paseo sonoro: salir a la calle o al parque y detenerse a escuchar: pájaros, coches, viento, voces. Después contar cuántos sonidos distintos se han oído.
¿Y las clases de música?
Las actividades de música para niños de esta edad pueden ser muy agradables si se plantean como juego y movimiento. No es necesario empezar a aprender un instrumento de forma formal antes de los 5 o 6 años. Lo más valioso en esta etapa es que la música esté presente en casa de forma natural y divertida.
Canciones tradicionales
Las canciones y juegos de corro tradicionales, como las de palmas, las de echar a suertes o las retahílas, son un tesoro. Están pensadas para la voz y el oído de los niños, tienen ritmos claros y conectan con lo que cantaban abuelos y bisabuelos. Pedir a los abuelos que enseñen las canciones de su infancia es una forma preciosa de compartir la música entre generaciones.
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