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Artículos · 13 de octubre de 2026 · 7 min de lectura

El juego simbólico: por qué jugar a «hacer como si» es tan importante

Una caja de cartón que se convierte en barco, una cuchara que hace de micrófono, un peluche que tiene fiebre y necesita médico. El juego simbólico es una de las actividades más ricas de la infancia y ocupa buena parte del día de un niño de 3 a 5 años.

Qué es el juego simbólico

Hablamos de juego simbólico cuando el niño usa un objeto, una acción o a sí mismo para representar otra cosa. Jugar a las cocinitas, a los médicos, a las tiendas, a ser un dinosaurio o a que el sofá es una isla rodeada de lava son ejemplos de este tipo de juego, también llamado juego de «hacer como si» o juego de ficción.

Aparece hacia los 18 meses con acciones sencillas, como fingir beber de una taza vacía, y se vuelve cada vez más complejo. Entre los 3 y los 5 años vive su época dorada.

Cómo evoluciona

Hacia los 3 años

El niño reproduce escenas cotidianas que conoce bien: dar de comer al muñeco, acostarlo, ir a comprar. Necesita todavía objetos bastante parecidos a los reales y suele jugar en paralelo a otros niños más que con ellos.

Hacia los 4 años

Las historias se alargan y aparecen los roles: «Tú eras la mamá y yo era el bebé». Cualquier objeto puede representar casi cualquier cosa: un palo es una espada, una varita o un caballo. Empiezan a ponerse de acuerdo con otros niños, aunque las discusiones sobre quién hace de qué son frecuentes.

Hacia los 5 años

Los argumentos son elaborados, con reglas, giros y personajes que se mantienen durante días. Pueden pasar más tiempo organizando el juego («ahora decimos que…») que jugándolo, y esa negociación forma parte del aprendizaje.

Qué desarrolla

Cómo acompañarlo

Ofrecer tiempo sin estructurar

El juego simbólico necesita tiempo libre, sin una actividad programada detrás de otra. Los ratos en los que «no hay nada que hacer» son a menudo los más creativos.

Materiales abiertos

Los juguetes que hacen una sola cosa se agotan pronto. Los materiales abiertos dan mucho más juego: cajas, telas, cojines, pinzas, recipientes, ropa vieja de adulto, bloques de madera, figuras de animales. Un cesto con disfraces sencillos (sombreros, bolsos, pañuelos, gafas sin cristales) es una inversión barata y muy rentable.

Entrar en el juego sin dirigirlo

Cuando el adulto juega, lo ideal es seguir la iniciativa del niño. Si nos invita a su restaurante, podemos ser clientes y pedir un plato, pero sin tomar el control de la historia. Algunas frases útiles son «¿y ahora qué pasa?», «¿quién soy yo?» o «¿qué tengo que hacer?».

Enriquecer con pequeñas propuestas

A veces una pequeña sugerencia abre nuevas posibilidades: «Parece que a tu muñeco le duele la tripa, ¿necesitará un médico?», o «¿Qué venden hoy en tu tienda? ¿Cuánto cuesta?». Si el niño no recoge la propuesta, se deja pasar.

Ideas para escenarios en casa

Juegos con temas difíciles

A veces los niños juegan a cosas que inquietan a los adultos: que alguien se muere, que hay un ladrón o que el bebé se pierde. En general es una forma sana de procesar ideas que oyen o temen. Conviene observar con calma, sin alarmarse, y aprovechar para conversar si surge la ocasión. Solo si el juego es muy repetitivo, angustioso o refleja algo preocupante merece la pena comentarlo con un profesional.

Amigos imaginarios

Muchos niños de esta edad tienen un amigo invisible. Es una manifestación más del juego simbólico, frecuente y normal, y suele desaparecer por sí sola. Se le puede seguir la corriente con naturalidad, sin necesidad de reforzarlo ni de negarlo.

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